domingo, 13 de febrero de 2011
"Departures", maravillosas despedidas
lunes, 7 de febrero de 2011
127 Horas, de Danny Boyle

Después del éxito que le supuso Slumdog Millionaire, Danny Boyle nos sorprende con una historia radicalmente diferente a su anterior trabajo, una historia que se ha visto muy perjudicada por las comparaciones con la reciente Buried (para zanjar el tema diré que me parecen ambas, películas estupendas, pero tan diferentes que sencillamente no pueden compararse) e incluso en mayor medida por el morbillo que despierta su trama, que la gente resume en “ah sí, esa del escalador que se corta un brazo para vivir”.
Sin embargo creo que “127 Horas” ofrece mucho más que eso, una historia ya no solo de supervivencia y lucha, sino de maduración y comprensión de uno mismo.
Para fastidiar un poco a los más morbosos, adelanto que el momento de la amputación propiamente dicho dura escasos minutos, y que, sin ocultar ni esconder nada en ningún momento, Boyle no se recrea en el asunto más de lo necesario. Tampoco es una película para ver alegremente, tiene escenas crudas que se deben ver con la mente muy fría, la amputación final resulta durísima y os puedo asegurar que te duele a ti también solo de verlo, pero necesaria como punto final a la lucha tanto física como mental del protagonista, Aron Ralston.
Esta lucha mental es uno de los temas a mi gusto más interesantes de la película, el ser humano contra sí mismo. Aron Ralston, entra en esa grieta siendo un tipo que hasta cierto punto podemos considerar inmaduro, incluso egocéntrico o egoísta (el mismo en uno de sus delirios se define como “un tipo que se cree un puto super héroe”), pero que saldrá de ese infierno personal siendo alguien diferente, sin duda mucho más “depurado” tras su paso por esa cueva que tanto nos recuerda al descenso a los avernos por el que cualquier héroe debe pasar. Esto, claro está, no será un proceso fácil, el escalador pasará un auténtico infierno de miedo, recuerdos, dolor, pena y odio hacia todo e incluso hacia sí mismo.
Todo llevado por una realización muy interesante de Boyle, que no solo sirve para mantener el ritmo de la narración, sino que en mi opinión consigue perfectamente plasmar todos los procesos mentales del escalador, golpeándote con todo tipo de recursos visuales para que tus pensamientos sean los mismos que los de Aron Ralston, desde la sed que pasa el protagonista hasta sus momentos más existenciales. Todo con la pura imagen y sin más conversación que la que el personaje dedica a si mismo con su cámara de video.
Y por supuesto la interpretación de James Franco, que hace un papel extremadamente difícil y que obtiene a la perfección, porque no es fácil sacar todo lo que vive el personaje a lo largo de su pesadilla sin hacerlo creíble y que nos pongamos en su piel. Franco lo logra y aunque lo más probable es que el Oscar de este año sea para Colin Firth (que también hace un gran papel en El Discurso del Rey), creo que 127 Horas, se merecería este premio a la interpretación tanto como la película ganadora.
Un punto positivo más para la película es su estupenda fotografía, que llena la pantalla de color, paisajes increíblemente bellos, planos extraños y fantásticos… puede parecer extraño para esta historia, pero pienso que le sienta muy bien para lo que quiere contar, enmarcando por cierto a Ralston en un escenario misterioso, aislado de toda civilización y que le llevará también al cambio interno que he mencionado antes.
No me gustaría dejarme en el tintero los interesantes planos del principio y final del film, masas humanas haciendo todo tipo de cosas juntas y al unísono: maratones, oraciones, salidas y entradas del metro en hora punta, carreras de San Fermín… planos que al principio pueden parecer interesantes aunque gratuitos y que tras todo el film el director nos los recuerda para ver otro de los temas que creo que se tocan en la película: la idea del ser humano como ser necesariamente social o del hombre en la naturaleza rondan toda la película por esos planos que creo enlazan muy bien (no parece casual la verdad), con la insistencia del director de mostrarnos hormigas, insecto social por excelencia, alrededor de Ralston durante todo su encierro.
Mucho más se podría decir al respecto, pero creo que lo mejor es que la veáis y disfrutéis por vosotros mismos, aunque eso sí, con los nervios bien templados.
viernes, 28 de enero de 2011
"El incidente", genial ejercicio de suspense
sábado, 22 de enero de 2011
El Show de Truman de Peter Weir

Truman Burbank es un hombre anónimo que lleva una idílica vida en una encantadora localidad costera llamada Seaheaven. Según los cánones del “american way of life” podría decirse que tiene una mujer perfecta, una casa perfecta, un oficio perfecto, un amigo perfecto…todo sería verdaderamente maravilloso si no fuera porque nada de ello es real sino un gigantesco decorado del programa de televisión más visto del mundo “El show de Truman”, que sigue la vida de su protagonista desde el día en que nació hasta, presumiblemente, el día que muera. El único que ignora que absolutamente todo son decorados, atrezzo y actores es el propio Truman, que ve su mundo como real y perfectamente normal.
El director de “Picnic at Hanging Rock” o la más reciente “Master and Commander” se lanzaba allá por finales de la década de los 90 a dirigir esta curiosa historia la cual nos vendieron como el verdadero salto interpretativo de Jim Carrey pero que resultó ser mucho más que eso. Peter Weir nos enseñaba una vez más con “El Show de Truman” su buen hacer a la hora de dirigir películas, de meterse al espectador en el bolsillo y hacerle partícipe de la historia como si estuviera dentro de ella, lo cual en este caso resulta un doble mérito al contarnos una historia dentro de una historia, enredándonos en las dos por igual.
Resulta muy inteligente por parte de Weir el modo en el que va desvelando las realidades que vemos en el film. En los primeros minutos, y gracias a una colocación muy cuidada de de la cámara, angulaciones, grandes angulares… asistimos como un televidente más, o casi como un voyeur omnipresente, a la vida de Truman y su rutina, pero ya notamos que algo chirría en Seaheaven. Con los primeros momentos de duda del protagonista sobre su mundo ya podemos ver la realidad de Truman en toda su amplitud junto con todos los espectadores que día a día siguen sus andanzas. También se nos presenta a Kristof, megalómano creador y realizador del programa e invisible antagonista de Jim Carrey interpretado por un estupendo Ed Harris, que rige los destinos en Seaheaven como un particular dios todopoderoso.

A partir de aquí se nos marca el curioso y macabro juego a dos bandas entre la realidad de Truman y la realidad “real”, metiéndonos con mucho talento el director a nosotros, los espectadores de la película (la realidad “real-real” creo que debería ser) en el saco de los espectadores que necesitan a Truman en sus vidas pero que sin embargo asistirán y animaran al héroe a su lucha por el conocimiento de la verdad que se le está negando. Resulta muy divertido vernos a nosotros mismos nerviosos esperando a que Jim Carrey se salve y de pronto observarnos como en un espejo y bajo la forma de cualquiera de esos televidentes que desde sus bares sofás o incluso bañeras desean exactamente lo mismo. Divertido si, pero nos da bastante que pensar.
Y es que bajo la máscara de comedieta que esta película puede tener, nos invita a reflexionar sobre muchas cosas serias, mucho más allá de la “crítica a los reality shows” que dicen que es este film. No, esta película nos ofrece mucho más. Temas como la relación del hombre actual con el mundo que le rodea, tan aparentemente limpio e inmaculado como Seaheaven por un lado, tan sucio y vil por otro, la pérdida de control del ser humano de su destino, el vacío que siente la gente en sus vidas, la cual les lleva a evadirse de las mismas y proyectar sus sentimientos y energías en algo irreal como el Show de Truman pero que, curiosamente está habitado por el único “personaje real” de la historia… hay más tela que cortar de la que puede parecer en un principio. De hecho y aunque todos estemos más que acostumbrados hoy día al fenómeno “reality”, creo que “El Show de Truman” está actualmente aún más acorde con el mundo que le rodea que el día en que se estrenó, lo cual por cierto es una pena.

Todo además escondido en una película divertidísima y terrible a la par, que nos da una de cal y una de arena constantemente y que no nos deja respirar, haciéndose cada vez más grande y trepidante hasta alcanzar un climax maravilloso con la escena de la despedida de Truman tras hablar con su “creador” Kristof. Escenas e imágenes tan geniales como el barco de Truman chocando contra el cielo pintado del set, el realizador que acaricia el rostro de Truman durmiendo proyectado en una pantalla enorme, la luna que se convierte en un foco para buscar a Truman en la noche, el anuncio del programa a nosotros, los verdaderos televidentes, la escena de Truman en la agencia de viajes o las decenas de chistes que surgen de los fallos del programa como la lluvia que persigue a Jim Carrey por la playa la convierten en una más que interesante película para ver o revisar hoy día.
Y por cierto, Jim Carrey y Ed Harris están los dos tremendos en toda la película.
Mucho más se puede decir, pero mejor que la veáis y disfrutéis por vosotros mismos, así que, “Por si no nos vemos, buenos días, buenas tardes y buenas noches”.
viernes, 14 de enero de 2011
"El graduado", resulta cómodo ir a la deriva
domingo, 19 de diciembre de 2010
"Predator", la ley de la selva
viernes, 17 de diciembre de 2010
Crónica de un Ser Vivo, de Akira Kurosawa

El Sr. Nakajima es el adinerado dueño de una próspera fundición industrial. Tiene fortuna, mujer, hijos, amantes y algún que otro vástago no reconocido. A pesar de su fuerte carácter, ha ido adquiriendo con los años un terror casi irracional a que Japón vuelva a ser atacado con bombas atómicas o peor aún, con bombas H, lo cual hace que acometa proyectos cada vez más extraños que le están llevando a él y a su familia a la ruina. Sus familiares acuden a un Tribunal de Familia para incapacitarle legalmente ya que según ellos no rige bien y si continúa así puede llevar a todos sus seres queridos al desastre.
Apenas 10 años después del final de la Segunda Guerra mundial, Akira Kurosawa habla por primera vez en su filmografía del terror nuclear, los bombardeos atómicos y sus repercusiones en Japón (no será la última vez, volviendo al tema en “Rapsodia en agosto” o en uno de los episodios de “Los Sueños”) encarnándolo todo en el curioso personaje del Sr. Nakajima, un como siempre increíble y casi irreconocible (tardé un buen rato en ver que era él) Toshiro Mifune, que con tal de escapar de las nubes radioactivas es capaz de dejar toda su vida y llevarse a sus seres queridos a Brasil, lugar aparentemente seguro.
Somos testigos de su proceso de caída a la locura gracias al personaje del Dr. Harada (interpretado por otro clásico de Kurosawa, Takashi Shimura), un dentista que trabaja a media jornada en el Tribunal de Familia, que intenta comprender y justificar el miedo de ese hombre ante un horror tan grande como es un bombardeo atómico. En su investigación verá como ya no solo Japón, sino el resto del planeta, parece haber olvidado lo terrible de los acontecimientos recientes o peor todavía, cómo ya trae sin cuidado el hecho de que el mundo pueda ser destruido en cualquier momento.
A pesar de que no es una de las mejores de Kurosawa “Crónica de un Ser Vivo” sigue siendo una estupenda película, recomendable a pesar de que el tema que trata no es una preocupación en el mundo actual y ya está superado (como lo han superado los personajes de la película, claro). Bajo el telón del apocalipsis del Sr. Nakajima podemos disfrutar de uno de esos dramas que tan bien hace Kurosawa, drama familiar en este caso al sentirnos divididos entre el personaje de Nakajima al cual con el paso del film vamos comprendiendo cada vez más, y el resto de su familia que ve como todo su mundo se está viniendo abajo sin poder hacer nada por arreglarlo.
Es cierto que en ocasiones, sobre todo en la parte central de la película, la acción se hace un poco lenta aunque puede que esto sea porque el tema de las bombas a nosotros ya nos queda muy lejos, pero estos momentos quedan perfectamente camuflados bajo las interpretaciones de los dos protagonistas, que bordan sus papeles añadiendo mucho más drama a la historia de la que esta de por si tiene.

Pero no debemos pensar aún así que estamos ante una película menor, pues tiene escenas increíbles como la de la tormenta y el bebé, el tragicómico momento muy del estilo de Kurosawa en que una de las hijas de Nakajima refresca y limpia a los mugrientos trabajadores de la fundición con una manguera o la presentación del propio Nakajima. Además si la parte central del film como hemos dicho puede ser un poco pesada, todo queda compensado con la última media hora de película, cuando Nakajima decide tomar medidas más drásticas para convencer a su familia y el inesperado giro final que sufre el industrial a manos de sus trabajadores. Toda una lección interpretativa de manos de Mifune y Shimura nos dejan con el corazón en un puño e incluso a fecha de hoy, más de 50 años tras Hiroshima y Nagasaki, nos da un golpe de atención, obligándonos a no olvidar como el mundo cambió mucho más de lo que parece desde aquellos fatídicos días.
Y no me cansaré de repetirlo, que grande es Mifune.












