sábado, 12 de marzo de 2011

Rango, de Gore Verbinski





Saturada como está últimamente la cartelera de mil y una propuestas de cine de animación prefrabricadas, llenas de los mismos chistes aburridos que hace tiempo que dejaron de hacer gracia y con personajes que son meros calcos de la anterior producción en 3D de hace un par de meses (me sorprende la velocidad a la que sacan ciertos estudios sus “fantasías animadas”), llega a la cartelera Rango,de Gore Verbinski (director de Piratas del Caribe), una propuesta diferente, con sus virtudes y defectos, pero que se sale bastante de la tónica general en el cine de animación actual.

Un camaleón sin nombre (Johnny Depp) que vive solo y aislado del resto del mundo en su terrario, soporta su aburrida existencia y sus crisis de identidad representando obras de teatro de su propia cosecha con la única compañía de un pez de plástico y un cuerpo sin cabeza de una muñeca Barbie. Por un revés del destino su hogar es destruido y se encuentra perdido en el desierto. Desesperado y sediento, conoce a un Armadillo místico que le indica el camino a “Polvo”, un pueblo sin ley y con una terrible escasez de agua. Como nadie le conoce ahí y por su tendencia natural de camaleón a camuflarse, más que por el color (que no se le da muy bien) por la imitación de los que tiene alrededor, se presenta como Rango, un duro pistolero de leyenda.

Las circunstancias llevan al pueblo no solo a creerlo, sino a nombrarle sheriff, con lo que empieza su buena vida. Pero el misterioso robo de las pocas reservas de agua que quedaban en el banco le lleva a iniciar una investigación para salvar a “Polvo” y a sus habitantes de la completa desaparición.

Como ya se ha dicho antes, desde el primer momento se ve que Rango es una película diferente en su género, pues resulta ser un western, que aunque está pensado para todos los públicos, es menos infantil de lo que puede uno esperar al entrar en la sala, con secuencias y momentos muy interesantes pero que, supongo que para abarcar el mayor público posible, se ha quedado a medio camino entre una película adulta y una familiar, por lo que no acaba de ser ni lo uno ni lo otro. Personalmente creo que si se hubiera decantado por una película mas “adulta”, podría haber sido un film casi de culto, pero no hay que quitar méritos a los riesgos que se han corrido con chistes y humor más adultos de lo normal (tampoco faltan las gracietas fáciles para entretener a los niños), y unos personajes o situaciones para nada suavizadas o infantilizadas como la muerte o el alcoholismo.

Su parte más típica y de película familiar nos ofrece una historia bastante previsible en algunos momentos, que en el fondo no se sale mucho del resto de producciones animadas de otros estudios (a saber “Ese antihéroe perdedor pero con encanto que termina triunfando en la sociedad”), pero este problema resulta más que compensado con su otra cara, la cara buena, un homenaje al western y al héroe del cine del oeste, con una realización más que llamativa claramente inspirada sobre todo en el cine de Leone, con planos muy poco habituales en el cine de animación actual que se agradecen mucho cuando la estás viendo. Recomiendo por cierto verla en pantalla grande, porque tiene imágenes muy hermosas, impactantes en ocasiones.

Además del estilo Leone, los homenajes al cine del oeste son constantes en el film: el Doctor borracho que tanto nos recuerda al Doc. de “La Diligencia” o un villano serpiente que se parece peligrosamente a Lee Van Cleef, por no hablar de la aparición del "Espíritu del Oeste", que con un poco de imaginación podréis adivinar quien es…generan un mundo que de alguna manera todos conocemos ya y en el que nos sentimos cómodos y muy a gusto.

Pero el punto fuerte de verdad en la película es su ambientación y puesta en escena, estupendas por cierto: el desierto, el pueblo de “Polvo” y sus diferentes decorados, la música tan “del género” que ha compuesto Hans Zimmer, una fotografía muy cuidada, poco habitual e interesante y sobre todo unos personajes extremadamente bien desarrollados artísticamente e incluso

interpretativamente, los cuales fueron “interpretados” por sus dobladores con la acción rodada con cámaras y no solo poniendo su voz en el micrófono. No sé si esto habrá ayudado de alguna manera a la animación, pero sin duda los animadores de Industrial Light and Magic se han lucido en su trabajo y todos los habitantes de “Polvo” me han parecido mucho más vivos e interesantes que los de cualquier otra película de animación que haya visto últimamente, incluidas muchas de Pixar que ya es decir.

Mucho más se podría decir, pero mi consejo es que si queréis pasar un buen rato y ver un curioso western de animación, busquéis una buena sala de cine, siempre con gran pantalla y la disfrutéis.

domingo, 13 de febrero de 2011

"Departures", maravillosas despedidas

"Departures" (Okuribito) de Yojiro Takita se alzó con el Oscar a Mejor Película extranjera en el 2009, por delante de la gran favorita "Vals con Bashir". Nadie hubiera apostado por ella, pero gracias a su triunfo mucha gente (incluido yo) hemos tenido la suerte de poder ver una de las películas más emotivas de los últimos años.

Daigo Kobayashi es un joven violonchelista de una orquesta en Tokio que se acaba de disolver. Su mujer y él, deciden volver al pueblo natal de Daigo para iniciar una nueva vida. Allí encuentra trabajo en una funeraria en la que se practica el ritual japonés "nokanshi". Yo no tenía ni idea de que existía este tipo de ritual, pero su hallazgo me parece una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. El "nokanshi" es una ceremonia en la que se limpia el cuerpo, se viste, se maquilla y todo se practica delante de sus seres queridos. Por supuesto, con la más exquisita elegancia japonesa.

Me parece un gran acierto unir el pasado como violonchelista del protagonista y su futuro como funerario. Hay algo simbólico en ambos trabajos. La relación que se establece entre músico y su instrumento me parece algo muy poético y a la vez terrenal, porque el instrumento no deja de ser un objeto. Un músico crea un vínculo muy cercano al instrumento, pasa mucho tiempo con él. Lo toca, lo acaricia, lo conoce perfectamente. Sabe como es su tacto, como huele, conoce sus formas, sus curvas. Y todo ello para obtener el mejor sonido, las mejores melodías. Al tocar, los movimientos son elegantes, con una cadencia y un ritmo. Es un trabajo que se realiza delante de espectadores, hay que mantener una concentración y una profesionalidad. Y todo esto coincide con el trabajo del "nokanshi".

En la primera secuencia vemos todo el ritual, es algo nuevo para nuestros ojos, pero a la vez, pertenece al pasado de una cultura. Esa novedad hace que quedemos prendados por todos los detalles que se nos muestran. Estamos delante de un drama pero el director deja claro desde el principio que dentro del drama siempre hay lugar para la comedia, siempre y cuando los "chistes" estén muy bien medidos y encajados. También advierto que hay secuencias donde el corazón se encoge y los ojos se empañan.

Aunque el tema de la película parezca muy sombrío, la parte funeraria siempre está tratada desde el punto de vista, del principio de una nueva etapa. La muerte no como fin, sino como principio de algo nuevo. He intenta dar alegría y esperanza a los que se quedan.

Algo que me pierde de la película es el por qué de la vergüenza del protagonista en decir cual es su trabajo. No entiendo como un puesto tan importante, con toda esa carga cultural y sentimental puede suponer una vergüenza para nadie. Supongo que será algo que aquí no entendemos por las diferencias culturales y sociales.

Y también hay que comentar la magnifica banda sonora del grandioso Joe Hisaishi. Un fijo para directores de la talla de Hayao Miyazaki y Takeshi Kitano. La música soporta todo el peso emocional de la película, y por supuesto el violonchelo es el instrumento principal. Un genio capaz de llevar los sentimientos más allá, y transmitir lo que sienten los personajes no lo que vemos en las imagenes.



No he podido evitar poner este video. En realidad la composición que está tocando es de la película de Takeshi Kitano "El verano de Kikujiro", y no tiene nada que ver con la película que estamos tratando pero no me he podido resistir. Disfrutarla.

Probablemente me deje muchas cosas en el tintero, pero lo bonito de una película es saber pocas cosas, para que lo que vaya ocurriendo nos sorprenda y emocione.

Nota: 8.

lunes, 7 de febrero de 2011

127 Horas, de Danny Boyle



Después del éxito que le supuso Slumdog Millionaire, Danny Boyle nos sorprende con una historia radicalmente diferente a su anterior trabajo, una historia que se ha visto muy perjudicada por las comparaciones con la reciente Buried (para zanjar el tema diré que me parecen ambas, películas estupendas, pero tan diferentes que sencillamente no pueden compararse) e incluso en mayor medida por el morbillo que despierta su trama, que la gente resume en “ah sí, esa del escalador que se corta un brazo para vivir”.

Sin embargo creo que “127 Horas” ofrece mucho más que eso, una historia ya no solo de supervivencia y lucha, sino de maduración y comprensión de uno mismo.

Para fastidiar un poco a los más morbosos, adelanto que el momento de la amputación propiamente dicho dura escasos minutos, y que, sin ocultar ni esconder nada en ningún momento, Boyle no se recrea en el asunto más de lo necesario. Tampoco es una película para ver alegremente, tiene escenas crudas que se deben ver con la mente muy fría, la amputación final resulta durísima y os puedo asegurar que te duele a ti también solo de verlo, pero necesaria como punto final a la lucha tanto física como mental del protagonista, Aron Ralston.

Esta lucha mental es uno de los temas a mi gusto más interesantes de la película, el ser humano contra sí mismo. Aron Ralston, entra en esa grieta siendo un tipo que hasta cierto punto podemos considerar inmaduro, incluso egocéntrico o egoísta (el mismo en uno de sus delirios se define como “un tipo que se cree un puto super héroe”), pero que saldrá de ese infierno personal siendo alguien diferente, sin duda mucho más “depurado” tras su paso por esa cueva que tanto nos recuerda al descenso a los avernos por el que cualquier héroe debe pasar. Esto, claro está, no será un proceso fácil, el escalador pasará un auténtico infierno de miedo, recuerdos, dolor, pena y odio hacia todo e incluso hacia sí mismo.

Todo llevado por una realización muy interesante de Boyle, que no solo sirve para mantener el ritmo de la narración, sino que en mi opinión consigue perfectamente plasmar todos los procesos mentales del escalador, golpeándote con todo tipo de recursos visuales para que tus pensamientos sean los mismos que los de Aron Ralston, desde la sed que pasa el protagonista hasta sus momentos más existenciales. Todo con la pura imagen y sin más conversación que la que el personaje dedica a si mismo con su cámara de video.

Y por supuesto la interpretación de James Franco, que hace un papel extremadamente difícil y que obtiene a la perfección, porque no es fácil sacar todo lo que vive el personaje a lo largo de su pesadilla sin hacerlo creíble y que nos pongamos en su piel. Franco lo logra y aunque lo más probable es que el Oscar de este año sea para Colin Firth (que también hace un gran papel en El Discurso del Rey), creo que 127 Horas, se merecería este premio a la interpretación tanto como la película ganadora.

Un punto positivo más para la película es su estupenda fotografía, que llena la pantalla de color, paisajes increíblemente bellos, planos extraños y fantásticos… puede parecer extraño para esta historia, pero pienso que le sienta muy bien para lo que quiere contar, enmarcando por cierto a Ralston en un escenario misterioso, aislado de toda civilización y que le llevará también al cambio interno que he mencionado antes.

No me gustaría dejarme en el tintero los interesantes planos del principio y final del film, masas humanas haciendo todo tipo de cosas juntas y al unísono: maratones, oraciones, salidas y entradas del metro en hora punta, carreras de San Fermín… planos que al principio pueden parecer interesantes aunque gratuitos y que tras todo el film el director nos los recuerda para ver otro de los temas que creo que se tocan en la película: la idea del ser humano como ser necesariamente social o del hombre en la naturaleza rondan toda la película por esos planos que creo enlazan muy bien (no parece casual la verdad), con la insistencia del director de mostrarnos hormigas, insecto social por excelencia, alrededor de Ralston durante todo su encierro.

Mucho más se podría decir al respecto, pero creo que lo mejor es que la veáis y disfrutéis por vosotros mismos, aunque eso sí, con los nervios bien templados.

viernes, 28 de enero de 2011

"El incidente", genial ejercicio de suspense

M. Night Shyamalan se ha convertido en los últimos años en uno de esos directores alabado por unos y odiado por otros. Ha sido encumbrado como uno de los grandes por películas como "El protegido" o "El sexto sentido" y apaleado por otras más recientes, como "Airbender" o "El incidente". Pero lo que nadie le puede negar es que Shyamalan es uno de los mejores directores del cine mainstream y poco a poco entrará en el olimpo de los grandes directores de la historia del cine.

"El incidente" parte de una premisa muy interesante, la naturaleza se revela contra el ser humano, causando unas extrañas y escalofriantes muertes. Elliot Moore (Mark Wahlberg) es un profesor de ciencias con una fría relación con su mujer Alma (Zooey Deschanel). La pareja, junto con un amigo Julian (John Leguizamo) y su hija Jess (Ashlyn Sanchez) emprenderán un viaje para intentar escapar de las "malignas" fuerzas de la naturaleza.

La película comienza con unas secuencias inquietantes que te meten en la película desde el primer segundo. La autodestrucción del ser humano resulta de una fuerza arrolladora y su crudeza muestra una parte que no habíamos visto en este director. No se oculta nada, las muertes son mostradas en primera persona y con una frialdad digna de cualquier telediario. La atmósfera de suspense está creada desde la primera secuencia, el suave movimiento de la cámara, la tranquilidad de las muertes, la planificación,  una fotografía sobria que irá desarrollándose a lo largo de la historia, la espectacular banda sonora de James Newton Howard..., todo forma un producto que uno hecha de menos muy a menudo y que Shyamalan se encarga de poner en marcha recordando el por qué, de que le comparen con Hitchcock.

La historia muestra un acontecimiento colectivo visto desde el punto de vista individual, una tónica en la filmografía de este director. Vemos como la sociedad americana, llena de miedos e inseguridades reacciona ante un ataque y muestra la incapacidad del ser humano por reaccionar de manera lógica a una situación que le supera y que no comprende.

Shyamalan es uno de esos directores que piensa en el espectador, en llenar una sala y tiene la capacidad de hacer un blockbuster de calidad. Algo muy difícil de ver hoy en día. Y en esta película se enfrentaba a una idea muy compleja de llevar a la pantalla porque no hay un enemigo físico. Mostrar a la naturaleza como asesino implacable supone un reto como realizador y lo supera con creces. Hay secuencias magistrales que te ponen los pelos de punta y en realidad sólo estás viendo las ramas de árbol mecerse con el viento.


Después de los halagos vienen los palos. Hay algo del guión que no funciona como debería. Y creo que son los diálogos. Suenan exagerados y fuera de contexto, falta toda la carga emocional a la que nos tiene acostumbrados Shyamalan. Los personajes funcionan a trompicones no hay una fluidez. La alternancia entre secuencias de tensión y respiración para el espectador parecen colocadas matemáticamente, lo que le hace perder frescura y convierte a la película en predecible. Los toques de comedia (Hitchcock, una vez más) parecen muy forzados, les falta la ironía y el humor negro propio de estos thrillers.

Otro problema grave son los actores. Mark Wahlberg no es Bruce Willis, Mel Gibson, Samuel L. Jackson, Joaquin Phoenix... Su cara no tiene el "bagage" ni la profundidad de los otros. Y a su personaje le falta estar más castigado por la vida para que la catarsis del final sea  más poderosa. Pero el premio a la peor interpretación se lo lleva la guapísima y sosísima, Zooey Deschanel, que se pasa toda la película con cara de no saber donde está ni que hace allí. También hay un detalle que me llamo mucho la atención, es la primera vez que veo un personaje infantil que no funciona en una película de este director. Todos recordamos a Haley Joel Osment, haciendo el mejor papel de su vida en "El sexto sentido" o a Spencer Treat Clark en "El protegido", o los niños de "Señales" y sin embargo la niña de "El incidente" no le funciona, la utiliza como nexo de unión entre la pareja pero no creo que tenga el peso necesario. Sólo se salva John Leguizamo aunque no dura mucho en pantalla y sobre todo la Señora Jones un personaje sacado de una pesadilla "hitchconiana".

Pero pese a un guión inconsistente, la maestría en la realización convierte a "El incidente" en un ejercicio de suspense digno de los más grandes y al espectador en una coballa que seguirá las miguitas de pan por todo el laberinto. Puede que algunos la odien y les parezca una de las peores películas de Shyamalan. Para mi, creo que es una buena película y que no se le pude exigir que cada cosa que haga supere la anterior. Si todas las películas que haga este director, las vamos a comparar con "El protegido", mal vamos.

Nota: 7,5.


sábado, 22 de enero de 2011

El Show de Truman de Peter Weir




Truman Burbank es un hombre anónimo que lleva una idílica vida en una encantadora localidad costera llamada Seaheaven. Según los cánones del “american way of life” podría decirse que tiene una mujer perfecta, una casa perfecta, un oficio perfecto, un amigo perfecto…todo sería verdaderamente maravilloso si no fuera porque nada de ello es real sino un gigantesco decorado del programa de televisión más visto del mundo “El show de Truman”, que sigue la vida de su protagonista desde el día en que nació hasta, presumiblemente, el día que muera. El único que ignora que absolutamente todo son decorados, atrezzo y actores es el propio Truman, que ve su mundo como real y perfectamente normal.

El director de “Picnic at Hanging Rock” o la más reciente “Master and Commander” se lanzaba allá por finales de la década de los 90 a dirigir esta curiosa historia la cual nos vendieron como el verdadero salto interpretativo de Jim Carrey pero que resultó ser mucho más que eso. Peter Weir nos enseñaba una vez más con “El Show de Truman” su buen hacer a la hora de dirigir películas, de meterse al espectador en el bolsillo y hacerle partícipe de la historia como si estuviera dentro de ella, lo cual en este caso resulta un doble mérito al contarnos una historia dentro de una historia, enredándonos en las dos por igual.

Resulta muy inteligente por parte de Weir el modo en el que va desvelando las realidades que vemos en el film. En los primeros minutos, y gracias a una colocación muy cuidada de de la cámara, angulaciones, grandes angulares… asistimos como un televidente más, o casi como un voyeur omnipresente, a la vida de Truman y su rutina, pero ya notamos que algo chirría en Seaheaven. Con los primeros momentos de duda del protagonista sobre su mundo ya podemos ver la realidad de Truman en toda su amplitud junto con todos los espectadores que día a día siguen sus andanzas. También se nos presenta a Kristof, megalómano creador y realizador del programa e invisible antagonista de Jim Carrey interpretado por un estupendo Ed Harris, que rige los destinos en Seaheaven como un particular dios todopoderoso.

A partir de aquí se nos marca el curioso y macabro juego a dos bandas entre la realidad de Truman y la realidad “real”, metiéndonos con mucho talento el director a nosotros, los espectadores de la película (la realidad “real-real” creo que debería ser) en el saco de los espectadores que necesitan a Truman en sus vidas pero que sin embargo asistirán y animaran al héroe a su lucha por el conocimiento de la verdad que se le está negando. Resulta muy divertido vernos a nosotros mismos nerviosos esperando a que Jim Carrey se salve y de pronto observarnos como en un espejo y bajo la forma de cualquiera de esos televidentes que desde sus bares sofás o incluso bañeras desean exactamente lo mismo. Divertido si, pero nos da bastante que pensar.

Y es que bajo la máscara de comedieta que esta película puede tener, nos invita a reflexionar sobre muchas cosas serias, mucho más allá de la “crítica a los reality shows” que dicen que es este film. No, esta película nos ofrece mucho más. Temas como la relación del hombre actual con el mundo que le rodea, tan aparentemente limpio e inmaculado como Seaheaven por un lado, tan sucio y vil por otro, la pérdida de control del ser humano de su destino, el vacío que siente la gente en sus vidas, la cual les lleva a evadirse de las mismas y proyectar sus sentimientos y energías en algo irreal como el Show de Truman pero que, curiosamente está habitado por el único “personaje real” de la historia… hay más tela que cortar de la que puede parecer en un principio. De hecho y aunque todos estemos más que acostumbrados hoy día al fenómeno “reality”, creo que “El Show de Truman” está actualmente aún más acorde con el mundo que le rodea que el día en que se estrenó, lo cual por cierto es una pena.

Todo además escondido en una película divertidísima y terrible a la par, que nos da una de cal y una de arena constantemente y que no nos deja respirar, haciéndose cada vez más grande y trepidante hasta alcanzar un climax maravilloso con la escena de la despedida de Truman tras hablar con su “creador” Kristof. Escenas e imágenes tan geniales como el barco de Truman chocando contra el cielo pintado del set, el realizador que acaricia el rostro de Truman durmiendo proyectado en una pantalla enorme, la luna que se convierte en un foco para buscar a Truman en la noche, el anuncio del programa a nosotros, los verdaderos televidentes, la escena de Truman en la agencia de viajes o las decenas de chistes que surgen de los fallos del programa como la lluvia que persigue a Jim Carrey por la playa la convierten en una más que interesante película para ver o revisar hoy día.

Y por cierto, Jim Carrey y Ed Harris están los dos tremendos en toda la película.

Mucho más se puede decir, pero mejor que la veáis y disfrutéis por vosotros mismos, así que, “Por si no nos vemos, buenos días, buenas tardes y buenas noches”.

viernes, 14 de enero de 2011

"El graduado", resulta cómodo ir a la deriva

Había visto esta película hace años y no tenía ningún recuerdo de ella, grave error por mi parte. Todo aquel al que le guste el cine debería ver esta película varias veces a lo largo de su vida y cada vez le parecería mejor. Es buena, no, lo siguiente.

Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) es un notable estudiante que ha terminado sus estudios y ahora le llega el momento de pensar en su futuro. Sus padres y vecinos le sobrevaloran por sus estudios, le ven con unas posibilidades y una proyección que se aleja mucho del pensamiento de Benjamin. Vive en un buen barrio y en una familia acomodada pero todo se trastoca cuando aparece en escena la Mrs. Robinson (Anne Bancroft), amiga de sus padres, casada y con 20 años más que él.

Este punto de partida permite a un genial Mike Nichols reflexionar sobre la confusión de la juventud. Es una disección de la mente de un joven que ve ante si un camino muy largo pero que no sabe a donde lleva y sobretodo no sabe si lo que hay en la meta le gustará. Ben es un estudiante ejemplar, pero se encuentra perdido, una sensación que todos hemos tenido alguna vez. Y la aparición de Mrs. Robinson sólo ayudará a desestabilizar más la virginal cabeza de Benjamin.


Los padres le tratan como a un niño, no le escuchan y le utilizan como a un payaso de circo para entretener a sus visitas. Tiene 20 años, ya es un hombre, pero cuando está con sus padres siente que estos no le comprenden. Pero la relación con la Señora Robinson no difiere demasiado porque el sigue siendo el menor. Ella es la experimentada en el sexo y él un simple aprendiz. Pasa de estar debajo de sus padres a estar debajo de su amante. Ella es la que lleva los pantalones, ella manda. Entonces aparece la hija de la señora Robinson, Elaine, y surge el conflicto del abandono de Ben por otra versión de ella pero más joven. Vemos el miedo a la vejez en una increíble Anne Bancroft, que por aquel entonces sólo tenía 36 años (nadie lo diría).

En 1966 Mike Nichols dirige su primera película, "¿Quién teme a Virginia Woolf?", un film con 13 nominaciones a los Oscar (cuando los Oscar todavía tenían sentido). Un comienzo prometedor y que no era fruto de la casualidad, ya que sólo un año más tarde estrenaría "El graduado", con la que ganó el Oscar a Mejor Director. Y no me extraña. Este tipo de películas deberían estudiarse en las escuelas de cine. La cámara siempre está en el lugar adecuado para mostrar lo máximo posible con el menor movimiento. Los actores están geniales, sus gestos, sus movimientos, la dirección de actores es impecable. Hoffman hace uno de los mejores papeles de su vida y de la historia del cine. Era su primera película y está extraordinario. Esa ingenuidad y su cara de novato, son perfectas para el personaje.

Punto y aparte merece el guión. Los diálogos son perfectos, tanto lo que se dice como lo que no. Y lo importante que son los secundarios para mostrar las reacciones y la manera de actuar del protagonista. No es una comedia pero no puedes evitar reírte ante algunos comportamientos de Dustin Hoffman, como en la secuencia del hotel.  


Muchos ha sido los directores que han bebido de esta película por su modernidad en la realización. Ese tono de videoclip, con una relación importantísima entre imagen y música. Viene a la cabeza la copia que Tarantino hizo de los créditos iniciales de "El graduado" para "Jackie Brown". Poco más y pone la canción de Simon and Garfunkel.

Como curiosidad, antes de rodar el famoso plano de la pierna de Anne Bancroft y Dustin Hoffman que le dice: "Esta usted intentando seducirme". Mike Nichols le dijo Hoffman: "Por mucho que vivas, nunca volverás a tener la oportunidad de rehacer esta escena y, sin embargo, la seguirás viendo en la pantalla por el resto de tus días". No sé vosotros pero yo ya la tengo apuntada.

Si habéis visto "El graduado", volver a verla y si no la habéis visto, dejar de leer estas tonterías y ponérosla. No os arrepentiréis.

Nota: 9,5.

domingo, 19 de diciembre de 2010

"Predator", la ley de la selva


Que no os lleve a engaño que el protagonista sea Arnold Schwarzenegger y que salga un bicho muy feo, "Predator" es una gran película porque John McTiernan es un gran director.

Parece mentira como algunas películas son capaces de detener el tiempo y vistas después de muchos años de su estreno siguen siendo muy actuales. Hoy en día estamos acostumbrados a un tipo de cine de acción y aventuras en el que lo más importante es la espectacularidad conseguida a través de complejos efectos digitales olvidándose por completo de todo lo demás. El argumento y los personajes siempre tienen que ser lo más importante porque es lo más difícil de crear y lo que va a conseguir que el espectador no se levante de su butaca.

"Depredador" destaca por su visceralidad y salvajismo, pero no entendido desde un punto de vista gore, sino desde un sentimiento primitivo. Es la lucha entre el hombre y la naturaleza. La ley del más fuerte. Hombre enfrentándose a lo desconocido. El cazador más implacable de la naturaleza se convierte en la presa de una entidad superior. Y todo esto lo vemos de una manera muy sencilla, sin grandes artificios ni edulcorantes, un disparo directo a la cabeza del espectador. No estamos ante una película para pensar sino para disfrutar.


John McTiernan hizo "Depredador" en 1987. Fue su segunda película, y fue un rotundo éxito de taquilla y de crítica. McTiernan ha nacido para realizar este tipo de películas, demuestra un control absoluto del ritmo y el tiempo de la acción. Sabe donde acelerar la narración o donde estancarla y lo hace todo de manera magistral.

La muestra es visible desde la primera secuencia. Una nave extraterrestre llega a través del espacio hasta el planeta Tierra. Y a continuación los comandos llegan volando en su helicóptero. El director establece un enfrentamiento igualitario en terreno neutral. Dos depredadores fuera de su coto de caza y que no están acostumbrados a luchar en un lugar de esas características. La película empieza y termina en la selva. No sabemos en que selva están, ni en que país, e incluso podría ser otro planeta (punto de partida de la última entrega, "Predators" dirigida por Nimrod Antal). Esto consigue crear un ambiente claustrofóbico y asfixiante, apoyado por la falta de información de la misión.

Algunas personas achacan un problema en la falta de tratamiento de los personajes. Sabemos poco sobre ellos, pero sabemos todo lo que necesitamos. Son mercenarios, trabajan por dinero, no son asesinos (dicho en la película) y son los mejores. La presentación de personajes se realiza de camino a la selva, es simple y directa. Son tipos duros pero llevan tiempo juntos, estableciendo unos lazos muy fuertes de compañerismo. Arnold Schwarzenegger es perfecto para el papel de Dutch y puede ser una de sus mejores interpretaciones, por supuesto detrás de Terminator.


Algo que llama la atención en la película, y que creo que es un acierto, es que tenemos que esperar 51 minutos para ver al Depredador físicamente. Hoy en día estamos acostumbrados a ver al "bicho" en los créditos, perdiendo mucha tensión. Todo ese clima de terror y suspense se pierde al conocer el otro lado. El miedo a lo desconocido. El conocimiento del ser alienígena es paulatino, vemos su visión térmica, luego su capacidad de copiar sonidos y voces (aprendizaje), su camuflaje. Una perfecta manera de enganchar al espectador para que siga el rastro de miguitas que el director le va dejando.

El primer ataque del comando a los milicianos, nos enseña su manera de actuar. Son un pequeño ejercito muy bien preparado y letal. Pero lo más importante es que nos muestra como el Depredador estudia a su enemigo, aprende sus movimientos y su forma de atacar, es la naturaleza en estado puro. A partir de este momento, el enemigo sabe que juntos son una máquina perfectamente engrasada pero solos son débiles. Establece un ataque específico, uno por uno, apología del divide y vencerás. Y cada baja en el grupo supone un golpe muy duro para los que quedan. Incluso llegan a perder los papeles y arrasan la selva a golpe de metralleta en una de las secuencias más inolvidables del cine de acción. Un acto más propio de aficionados que de soldados experimentados, pero demuestra sin lugar a dudas que no están preparados para enfrentarse a un enemigo tan superior.


A partir de este momento comienza una cuenta atrás, la huida para llegar al punto de encuentro con el helicóptero que les sacará de ese lugar pero todos irán cayendo por el camino hasta que sólo quede uno, Dutch.

El último enfrentamiento entre Dutch y el Depredador, es sin lugar a duda lo mejor de la película. El desafío entre hombre y naturaleza. Despojarse de toda la tecnología, una lucha cara a cara, utilizando sólo las manos y el ingenio. Incluso el Depredador se quita la máscara para mostrar su verdadera cara. Y al final cuando vemos al alien herido y escupiendo sangre fluorescente, Dutch siente pena por el derrotado porque el duelo ha sido digno y lleno de honor.


Nota: 8.